Hoy
vamos a hablar sobre el desgaste físico de la
persona, algo inevitable que tarde o temprano nos va
a llegar a todos y eso es cuando empezamos a sentir
que como nuestras bisagras están llenas de sarro.
Paulatinamente según van pasando los años
nos vamos dando cuenta que algunas cosas ya no podemos
hacerlas con la agilidad que antes lo hacíamos,
empezamos a tener ciertos achaques, nos enojamos mas
fácilmente, empezamos a perder la memoria, a
caminar mas despacio y aunque no queramos aceptarlo,
todo es a consecuencia de la edad. Creo que lo único
que no envejece en muchos de nosotros y mas bien se
robustece, es nuestra lengua, pues siempre he oído
decir: “Ese viejo tiene una lengüita”
también he oído decir: “Lo que es
cuando esa viejita habla, no hay quién la pare”
¿Porque será eso no? Si nosotros los viejitos
somos tan calladitos y tranquilitos que soportamos todo.
Bueno mejor vayamos a las escrituras; abramos nuestra
Biblia en el Salmo 71, este Salmo es una oración
muy apropiada para los ancianos, para que podamos andar
en sus caminos y creo que cada uno de nosotros deberíamos
adquirirlo como guía de nuestras oraciones diarias
para una buena vida espiritual.
Voy a pedir que por favor alguno de la congregación
pase al frente y lea este Salmo.
71:1 “En ti, oh Jehová, me he refugiado;
No sea yo avergonzado jamás”.
Dice
Eclesiastés o el libro del Predicador, cuando
se refiere a las experiencias de la vida pasada que
a veces son decepcionantes, que todo tiene su tiempo
y todo tiene su hora: “Tiempo de nacer y tiempo
de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo
plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo
de destruir y tiempo de edificar; Tiempo de llorar y
tiempo de reír; tiempo de endechar y tiempo de
bailar; tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntar
piedras; tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de
abrazar; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo
de guardar y tiempo de desechar; tiempo de romper y
tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar;
tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra
y tiempo de paz. V.20 Todo va a un mismo lugar; todo
es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.
Eclesiastés 3: 2-8, 20.
En cuál de estos tiempos estamos nosotros, yo
creo que muchos de nosotros ya hemos pasado por varios
de estos tiempos y tal vez algunos ahora estamos confrontando
tiempos de llorar, por causa de nuestra soledad, o por
la pérdida de algún ser amado o un familiar
cercano; o por ahí estamos confrontado tiempos
de curar, pero de curar nuestras heridas que son producto
del pasado a consecuencia de nuestras experiencias amargas;
o tal vez estamos en los tiempos de edificar, pero de
edificar una vida nueva y espiritual porque ya es tiempo
que cambiemos nuestra vieja forma de vivir, deshacernos
de algunos malos hábitos que sin darnos cuenta
nos conducen al pecado; es posible que para algunos
sean tiempos de perder o renunciar algunas cosas que
siempre hemos soñado tener y que no hemos podido
obtenerlas porque ya estamos viejos.
Por ahí es tiempo de callar para que no nos
digan viejito hablador. Pero de algo estamos todos seguros
y eso es que del polvo hemos venido y que al polvo vamos
a volver; para muchos de nosotros de solo pensar en
eso nos llena de pánico y eso simplemente porque
no estamos preparados para marchar a la presencia del
Señor.
Por todas estas razones es que necesitamos buscar un
refugio y ese refugio se llama Jesucristo. Piensen hermanos
y hermanas como cambian los tiempos, cuando éramos
niños y estábamos en llanto, corriendo
buscábamos el regazo de la mamá o del
papá para hallar refugio y consuelo. Cuando te
casaste y te convertiste en padre o madre, eras tú
quien servía de refugio, pues tus hijos venían
a llorar y buscar refugio y consuelo en tu regazo. Ahora
que eres mayor o talvez abuelo o abuela, esporádicamente
vienen tus nietos a refugiarse en tu regazo, les das
refugio momentáneo y de paso los malcrías.
Pero a estas alturas de nuestra vida ya no tenemos
un regazo en el cual refugiarnos, aunque yo doy gracias
a Dios porque en mis momentos de frustración
aún puedo refugiarme en el regazo de mi esposa
Amanda y derramar mis lágrimas y tengo la seguridad
de que ella me va a consolar. Pero no todos tenemos
esa oportunidad y realmente necesitamos tener un refugio
que nos sirva de regazo y consuelo, especialmente en
nuestros años de vida adulta. ¿Quién
más podría ofrecerte ese refugio y esa
paz que sobrepasa a todo entendimiento si no es nuestro
Dios? Es por eso que te aliento a que tomes como tu
oración diaria éste Salmo 71 que encierra
un gran mensaje para cada uno de nosotros y podamos
decir: “En ti OH Jehová, me he refugiado.
No sea yo avergonzado jamás”.
71:2 Socórreme y líbrame en tu justicia;
Inclina tu oído y sálvame.
71:3 Sé para mí una roca de refugio,
adonde recurra yo continuamente.
Tú has dado mandamiento para salvarme,
Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
Que hermoso que tú le digas a tu Dios: Sé
para mí una roca de refugio a donde recurra yo
continuamente. Todos tenemos un lugar favorito donde
nos gusta refugiarnos. Me recuerdo cuando mi padre aún
estaba con vida, durante su vejez tenía dos lugares
favoritos en su casa. Uno estaba en su balcón
que daba a la calle, tenía ahí su silla
y se sentaba a tomar el sol toda la mañana, hasta
que era hora de almorzar; terminado su almuerzo, se
iba a un pasillo lleno de ventanales que tenía
y se sentaba ahí, hasta que el sol se ponga.
En la sala de mi casa, Amanda tiene su sillón
favorito donde se sienta cada día a orar y leer
su Biblia o algún otro libro, o simplemente a
ver TV; Yo tengo mi sillón favorito en el mismo
salón, donde también me siento a estudiar
para preparar mis prédicas, o a leer mi periódico
o también simplemente a ver TV y conversar con
mi esposa. Estoy seguro que de la misma forma cada uno
de ustedes tiene su lugar favorito en su casa.
Si se dan cuenta muchos de ustedes también tienen
su lugar favorito en el templo, pues veo que se siguen
sentando en el mismo lugar por varios años. No
me mal interpreten, pues no estoy diciendo que eso esta
mal, eso siempre ha sucedido desde los inicios de la
iglesia, pues antiguamente habían algunas iglesias
donde tenían una especie de baranda que apartaba
el lugar donde se sentaba una familia determinada y
nadie podía utilizar ese lugar, ya que tenían
hasta su nombre grabado en las bancas pues las familias
pagaban por ese espacio reservado.
Ahora si ustedes quieren, podríamos apartar
para ustedes su lugar favorito en el templo y así
nadie tomaría sus asientos; claro que sería
a costo extra y con la falta le hace a la iglesia no
estaría mal.
Bueno, regresando a lo que estábamos hablando
nada más hermoso que acudir a nuestro Señor
y hacer de Él nuestra fortaleza y refugio favorito,
No confiemos en el refugio que nos ofrece el hombre
porque es algo pasajero; en cambio el refugio que nos
ofrece el Señor es eterno.
71:4 Dios mío, líbrame de la mano del
impío,
De la mano del perverso y violento.
71:5 Porque tú, oh Señor Jehová,
eres mi esperanza,
Seguridad mía desde mi juventud.
71:6 En ti he sido sustentado desde el vientre;
De las entrañas de mi madre tú fuiste
el que me sacó;
De ti será siempre mi alabanza.
¿En quien puede estar nuestra esperanza si no
es en el Señor?, Él nos ha conocido desde
el vientre de nuestra madre, Él es quién
nos ha formado, Él es quién ha estado
presente el momento de nuestro nacimiento. Él
ha sido nuestro sustento y nuestra seguridad durante
nuestra infancia y durante nuestra juventud; y que es
lo que hemos hecho nosotros, en lugar de andar en sus
caminos, nos hemos apartado para andar en nuestros placeres
que a nada bueno nos han llevado sino al pecado.
Pero Dios es grande en misericordia y lento para la
ira, por eso nos ha preservado la vida; porque siempre
quiere darnos una oportunidad más. Y esa oportunidad
nos las está dando hoy, para que doblemos rodilla
ante Él y con gozo y seguridad podamos decirle:
Tú Señor Jehová eres mi esperanza.
De ti siempre será mi alabanza.
71:7 Como prodigio he sido a muchos,
Y tú mi refugio fuerte.
71:8 Sea llena mi boca de tu alabanza,
De tu gloria todo el día.
El Señor les ha dado a muchos de ustedes sabiduría
de tal manera que para muchas personas han sido como
prodigio para otras, por el discernimiento y sensatez
para aconsejar sabiamente. Y el Señor quiere
dar sabiduría a todo aquel que se lo pida, pero
con un corazón completamente sincero y humilde
como lo hizo el rey Salomón.
¿Recuerdan la historia? Cuando el Señor
se le apareció a Salomón y le dijo: Pide
lo que quieras que yo te dé. Salomón respondió:
“Da, pues a tu siervo corazón entendido
para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno
y lo malo; porque ¿quién podrá
gobernar este pueblo tan grande? Y agradó delante
del Señor que Salomón pidiese esto. Y
le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste
para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas,
ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste
para ti inteligencia para oír juicio, he aquí
lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí
que te he dado corazón sabio y entendido, tanto
que no ha habido antes de ti otro como tú, ni
después de ti se levantará otro como tú”
1 Reyes 3: 9-12
Yo creo que todos conocemos lo que posteriormente hizo
Salomón cuando vinieron a Él esas dos
mujeres que vivían juntas y que ambas dieron
a luz casi simultáneamente, una noche mientras
ellas dormían, una de ellas accidentalmente se
echo sobre su bebé y lo asfixió y al darse
cuenta de este fatal accidente, se levantó, tomo
al niño muerto y lo cambio por el de la otra
mujer. Cuando ésta se despertó, y vio
que tenía al niño muerto, inmediatamente
reconoció que ese no era su hijo y entró
en disputa con la otra mujer. Una vez frente al rey
y luego de escuchar los argumentos, el rey Salomón
hizo traer al niño y ordenó que con una
espada sea cortado en dos y se dé una mitad a
cada mujer. Entonces la verdadera madre antes que ver
a su hijo muerto decidió renunciar a él
y dijo: no, no maten al niño, entréguenle
a ella. Esa respuesta sirvió para que el Rey
haga el juicio correcto y ordenó que el niño
sea entregado a su verdadera madre. Esto repercutió
entre las demás naciones y dio fama a Salomón.
Pero si seguimos viendo la historia de Salomón
¿creen ustedes que supo utilizar su sabiduría
correctamente? Personalmente creo que para hacer lo
que Salomón hizo se necesita ser demasiado inteligente
o demasiado guapo, especialmente para conquistar a una
mujer y él tuvo 700 mujeres y 300 concubinas,
¿será eso obrar con sabiduría?
Creo que no, pues Salomón se inclinó ante
los dioses de sus mujeres y no solo eso sino que les
levantó altares.
Ahora con relación a nosotros ¿cómo
estamos utilizando la sabiduría que nos ha dado
Dios? Especialmente ahora que somos adultos y entrados
en años. No creo que sigamos cometiendo los mismos
errores que cometíamos en nuestra juventud, de
otra manera estaríamos obrando con insensatez
y falta de sabiduría. Como dice este verso 8,
“que nuestra boca sea llena de su alabanza y de
su gloria todo el día”. No solo cuando
abrimos los ojos en la mañana o cuando nos estamos
yendo a la cama en la noche, sino todo el día.
71:9
No me deseches en el tiempo de la vejez;
Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
Al leer este versículo notamos que el Salmista
tenía temor a la vejez, es por eso que le dice
al Señor: no me deseches en el tiempo de mi vejez
ni me desampares cuando mis fuerzas se acaben. Amados
hermanos, creo que de alguna manera todos tenemos temor
de hacernos más viejos cada día, porque
es inevitable que según pasa el tiempo vamos
perdiendo nuestras fuerzas y nos empieza a invadir una
incertidumbre de cómo vamos a confrontar esa
situación. Si tienes esos temores, no te sientas
mal, solo recuerda que para eso tienes al Señor
como tu refugio y tu roca.