Vamos a abrir nuestra Biblia en la carta
a los Hebreos 12: 15 “Mirad bien, no sea que alguno
deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna
raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos
sean contaminados” (Leer dos veces)
Primero veamos literalmente la forma en que esta escrito
en el griego: “Vigilando de continuo para que nadie
este falto de la gracia de Dios. No que alguna raíz
de amargura hacia arriba brotando, cause disturbios y
mediante ella sean contaminados muchos”
La amargura es lo que más causa daño entre
los hombres, o mujeres y jóvenes y aún muchas
veces hasta a los niños. La amargura es uno de
los instrumentos más sutiles que utiliza el enemigo
para destruir nuestras vidas emocionalmente. Lo más
lógico es que digamos que nosotros no tenemos raíces
de amargura, porque así lo creemos, pues en nuestra
naturaleza humana siempre pensamos que lo que tenemos
en nuestra mente es lo correcto y que los demás
están equivocados; muchas veces eso provoca a que
sin darnos cuenta nos estemos engañando a nosotros
mismos; porque las raíces de amargura poco a poco
van creando en nosotros una máscara que hace que
ante los demás nos mostremos como personas llenas
de paciencia y hasta tal vez llenas de amor y comprensión.
Sabían ustedes que uno de los mejores lugares
para alimentar las raíces de amargura es la iglesia?
Si, queridos hermanos, la iglesia es el mejor lugar para
alimentar las raíces de amargura de las personas.
Ustedes saben que la raíz de una planta necesita
humedad para poder alimentarse y hacerla crecer y la iglesia
es el lugar que mejor humedad ofrece a los amargados para
alimentar sus raíces. La iglesia es el lugar donde
puedes criticar con toda libertad y ten por seguro que
siempre vas a encontrar alguien que esta dispuesto a ayudarte
en tu crítica para que tus raíces se alimenten
mejor, a título de que lo que hablas o criticas
en la iglesia siempre es por el bien del otro hermanito
a quién estás criticando.
Sin embargo yo diría que la iglesia es el lugar
donde eres escudriñado, criticado y acusado con
la mirada de los demás y no solo eso, sino que
es el lugar donde mejor se comenta acerca de tu persona:
“Has visto el escote que se gastaba?”, “Estaba
con unos tacos que ni caminar podía”, “Había
estado con minifalda, pensé que se había
olvidado terminar de vestirse”, “Pensé
que ese viejo era su padre, pero había sido su
marido”. Pero a la salida del templo, les saludamos
con todo cariño y de paso les decimos: “Que
bien te ves, bendiciones hermanito o hermanita”
y para colmo les damos el ósculo de paz.
Amados hermanos todos estos comentarios son a consecuencia
de que tenemos alguna raíz de amargura, y sabes
que más; es suficiente que estas críticas
las hayas tenido solo en tu pensamiento y no las hayas
expresado en voz alta. Eso es un espíritu de crítica
y el espíritu de crítica es una raíz
de amargura que el enemigo ha puesto en las personas.
La palabra amargura viene del griego Picría que
quiere decir: Cortar, afilado o cortante y los ejemplos
que acabo de mencionar, realmente son cortantes porque
algunas lenguas realmente son de doble filo.
Por eso nos dice la Biblia en Santiago 3: 2-6 “Porque
todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra,
éste es varón perfecto, capaz también
de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos
freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan,
y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también
las naves; aunque tan grandes, y llevadas por impetuosos
vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón
por donde el que las gobierna quiere. Así también
la lengua es un miembro pequeño, pero que se jacta
de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande
bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es
un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta
en nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama
la rueda de la creación, y ella misma es inflamada
por el infierno” y el verso 10 dice: “De una
misma boca proceden bendición y maldición.
Hermanos míos esto no debe ser así”
Palabra dura y difícil de aceptar, pero que encierra
gran verdad porque de alguna manera cada uno de nosotros
en alguna oportunidad no hemos podido controlar nuestra
lengua y hemos disparado dardos venenosos contra nuestra
pareja, o contra nuestros hijos o contra algún
otro hermano o hermana.
Muchas veces nuestra inteligencia humana nos permite darnos
cuenta que hemos metido la pata y de lo malo que hemos
dicho. Por más que nos arrepintamos inmediatamente,
el daño ya lo hemos hecho, ya hemos lastimado a
la otra persona y así le pidamos perdón,
ya hemos plantado en el corazón de la otra persona
una raíz de amargura y de duda, porque esa persona
va a pensar dentro de si: “Aunque me ha pedido perdón,
tiene que haber una razón para que me haya dicho
eso y seguro que eso es lo que piensa de mi” Esas
cavilaciones en el corazón de la otra persona hace
que vaya creciendo la raíz de amargura que por
tu torpeza e insensatez has plantado. Y dice que con esa
misma lengua que esta en nuestra boca, bendecimos y maldecimos.
Ojo hermanos, que eso no este sucediendo en nosotros.
Ahora hay personas que dicen: “Yo no critico; expongo
mis puntos de vista”, Otra cosa es que tu punto
de vista estaba en el escote o en la minifalda de la otra
persona.
Las raíces de amargura son tan destructivas, que
corroen lo más profundo del ser de las personas.
Muchos de nosotros sin saber estamos arrastrando raíces
de amargura desde nuestra infancia y a veces son raíces
de amargura que han sido provocadas por nuestros padres,
el mal trato, la indiferencia, el alcohol, la droga, tal
vez el abuso sexual, o siempre hemos sido reprimidos o
criticados.
Hay padres que siempre están criticando a sus
hijos haciéndoles sentir que no valen nada: “Eres
un tonto”, “No sirves para nada”, “Eres
un malcriado”, “Solo sabes comer y nada más”,
“Eres un flojo” Todas estas críticas
poco a poco, van destruyendo la autoestima de nuestros
hijos y cuál es el resultado final; que tanto machucarles
con lo mismo, terminan siendo unos tontos, inútiles,
malcriados, flojos y con mucho resentimiento en sus corazones
porque les hemos plantado esas raíces de amargura.
Muchas veces te nacen raíces de amargura simplemente
porque no has podido lograr algo que siempre habías
ansiado obtener en tu vida; tus padres enviaron a la Universidad
a tu hermano y no a ti y ese era tu mayor anhelo, y te
amargas y asa amargura va echando raíz.
Por ahí has tenido un rompimiento amoroso y se
han destruido tus sueños; eso te provoca resentimiento
y rencor; otra raíz de amargura.
Tal vez has sufrido el engaño de parte de tu esposo
o de tu esposa. Ni para que hablar, de seguro que ahí
ha nacido una raíz de amargura con tronco y ramas
y hasta por ahí con su fruto amargo.
Por ahí eres celoso o celosa, aunque no me creas,
otra raíz de amargura, porque los celos son producto
de la falta de seguridad y son insanos porque muchas veces
te llevan al odio.
Sabías ¿que aún contra Dios puedes
tener raíces de amargura? Es común en muchas
personas cuando se les muere el papá, o la mamá,
o la esposa, o el esposo, o a veces un hijo, una hija;
nos enojamos contra Dios y le decimos: porque me lo has
quitado si sabes cuanta falta me hacía; y nos amargamos
y sin darnos cuenta esta naciendo una raíz de amargura.
No quiero dar más ejemplos, porque corremos el
riesgo de que vayamos hallando que cada uno de nosotros
de una u otra manera tenemos alguna raíz de amargura
y que vamos a necesitar no solo sanidad, sino liberación;
porque las raíces de amarguras son producto directo
del trabajo de Satanás. Y dice la Palabra que Satanás
esta como león rugiente en busca de su presa. Pero
no se preocupen que para eso estemos acá, para
interceder y clamarle a nuestro Señor por cada
uno de ustedes, y que esta misma noche haga un trabajo
limpieza y restauración para cambio de vida.
Pero sigamos haciéndole picadillo a las raíces
de amargura. Porque las raíces de amargura son
tan peligrosas que destruye vidas, destruye matrimonios,
destruye relaciones y hasta puede destruir a la iglesia.
Por esto el verso 15 de Hebreos 12 nos dice en sus dos
palabras iniciales: “Mirad bien” Aquí
el verbo es imperativo o sea que es una orden, una instrucción;
mirad, que dicho en otras palabras significa: abran bien
sus ojos y miren, tengan cuidado y fíjense, estén
alertas y vean, no se dejen engañar, tengan una
actitud vigilante, para que las raíces de amargura
no destruyan nuestra unidad y nos aleje de alcanzar la
gracia de Dios.
Como miembros del cuerpo de Cristo somos responsables
el uno por el otro. Tenemos la obligación de supervisarnos
el uno al otro en los asuntos espirituales, pero en amor
de manera que podamos crecer y fortalecernos en la gracia
de Dios y no nos veamos privados de ella, a consecuencia
de la raíz de amargura de otro hermano. Tenemos
que luchar para que ninguno se pierda pues ese es el trabajo
de Satanás, destruirnos y hacer que nos perdamos
en sus artimañas engañosas.
Dice este verso que cuando nos crece una raíz de
amargura nos estorba y no solo que nos contaminamos, sino
que también contaminamos a otros.
Las raíces de amargura son como un cáncer
que trabaja poco a poco en forma muy silenciosa y de pronto
se manifiesta cuando ya esta avanzado.
Quisiera darles un par de ejemplos bíblicos de
raíz de amargura:
Se acuerdan del rey Saúl, cuando el pueblo de Israel
estaba confrontando la humillación de los filisteos,
no había quién se ponga al frente para luchar
contra ellos, hasta que vino un muchacho jovencito, simpático,
que cuidaba ovejas y que era hábil para manejar
la honda. Era David, quién con su honda, una piedra
y su gran fe en el Señor, mata a Goliat con un
tiro certero entre ceja y ceja, le corta la cabeza y hace
correr a los filisteos y cuando regresa victorioso de
la guerra junto al rey Saúl; a algunas hermanitas
de la congregación se les ocurre tomar sus panderos
e instrumentos de música y empiezan a danzar y
a cantar diciendo: “Saúl hirió a sus
miles, y David a sus diez miles” 1Samuel 18:7 Esa
canción fue suficiente para que en el corazón
del rey Saúl nazca una raíz de amargura
y empiece a odiar a David y buscar la oportunidad de matarlo,
porque tenia temor de que David le quite el trono y no
solo eso sino que le hace la intriga con su mejor amigo
Jonatan. Y el rey Saúl terminó suicidándose
por la amargura que cargaba. Queridos hermanos ¡que
terribles son las raíces de amargura!.
Se acuerdan de los dos hijos de Adán y Eva; Caín
y Abel, espero que todos conozcan la historia; Cuando
presentaron sus ofrendas al Señor, dice la Palabra
que: “Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue
labrador de la tierra. Y aconteció que andando
el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra
una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también
de los primogénitos de sus ovejas, de lo más
gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado
a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado
a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó
Caín en gran manera, y decayó su semblante”
Génesis 4: 2-5
Esto fue suficiente para que inmediatamente entre en
el corazón Caín una raíz de amargura
y empiece a odiar a su hermano hasta el extremo de matarle
y convertirse en el primer criminal de la humanidad y
Abel el primer mártir.
Esta raíz de amargura en Caín se originó
porque dice la Escritura que se ensaño decayó
su semblante y si vemos el diccionario, Ensañarse
significa: Irritar, encolerizar, enfurecer. Cebarse en
la víctima; gozarse en causar el mayor daño
y sufrimiento posibles.
Esas son las consecuencias de las raíces de amargura,
porque una persona que tienen raíces de amargura,
busca la venganza porque tiene como que algo le quema
en sus entrañas, pierde la paciencia, grita y se
enoja con facilidad.
Siempre va a buscar la manera de justificarse, porque
la culpa no puede recaer en ella, sino que va a tratar
de involucrar a otra persona, porque su amargura contamina.
La palabra contamina en griego significa mancha y ustedes
saben que todo lo que esta manchado, pierde su valor.
En Efesios 4: 31 dice: Quítense de vosotros toda
amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia,
y toda malicia” Si tan solo podríamos quitarnos
la amargura de nuestras vidas, el resto vendría
por añadidura, pues sería como sacar todos
los cachivaches que tienes en tu garaje o en tu depósito,
cuando te decides limpiar tu depósito siempre encuentras
que la mayor parte de las cosas que tienes guardadas están
rotas e inservibles, casi todo es basura, pero te cuesta
mucho deshacerte de esas cosas, porque crees que son recuerdos
invaluables, sin embargo simplemente es tu apego a las
cosas materiales; cuando terminas de vaciar y limpiar
hasta te parece que tu depósito es mas grande,
hasta la luz puede penetrar con mayor facilidad.
De la misma manera si logramos quitarnos la amargura
que hay en nuestro corazón, va a ser como sacar
gran parte de la basura que tenemos por dentro y la luz
de Cristo va a empezar a penetrar e iluminarnos interiormente
y nuestro corazón va a estar dispuesto para el
cambio que el Señor Jesucristo nos pide conforme
a lo que nos dice en el Evangelio de San Lucas 6:36-37
“Sed pues misericordiosos, como también vuestro
Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis
juzgados; no condenéis y no seréis condenados;
perdonad y seréis perdonados”
Esta es la solución contra nuestra amargura,
que empecemos por ser misericordiosos de la misma forma
que el Señor es nosotros. La misericordia de Dios
es tan grande que no ha escatimado esfuerzo alguno al
enviar a su único Hijo a morir en la cruz para
redimirnos del pecado al que nos ha arrastrado la amargura.
Quitándonos la amargura vamos a dejar de juzgar,
o sea que vamos a dejar de criticar a nuestro hermano,
o hermana y por consiguiente nosotros tampoco vamos a
ser juzgados o criticados.
Quitándonos la amargura vamos a dejar de condenar
a nuestro hermano, o sea que ya no vamos a acusar a nadie
para justificarnos de nuestras maldades; por consiguiente
tampoco vamos a ser condenados.
Lo mejor de todo, cuando nos quitemos nuestra amargura
vamos a estar en condiciones de perdonar a todos aquellos
que nos han hecho daño y que han sembrado esas
raíces de amargura en nuestra vida.
Ese es el ejemplo que nos ha dado Jesucristo al perdonarlos
a aquellos que lo habían crucificado. “Padre
perdónalos, porque no saben lo que hacen”
¿Sabes una cosa hermano?, aquellos que han sembrado
raíces de amargura en tu vida tampoco sabían
lo que estaban haciendo, porque estaban obrando conforme
a la voluntad del enemigo que es astuto y engañador.
Estaban siendo usados por Satanás. Una paz muy
grande va a venir a tu vida cuando estés en condiciones
de pedir perdón a todos aquellos que les has hecho
daño con tu raíz de amargura y que perdones
a aquellos que han sembrado una raíz de amargura
en tu vida.
Ahora, para que puedas hacer todo esto en una forma correcta
te voy a dar una lista de siete pasos que debes seguir
para liberarte completamente de tu raíz de amargura.
1. Haz una lista de las formas en que alguien te ha ofendido.
Me imagino que para eso vas a necesitar un cuaderno de
100 hojas.
2. Haz una lista de todos los pecados y ofensas que has
cometido. Me imagino que para esta lista solo vas a necesitar
½ hoja.
3. Haz una lista de las cosas que Dios te ha perdonado.
Seguramente para esta lista necesitaras tres cuadernos
de 100 hojas, renglón seguido, anverso y reverso.
4. Después de que hayas terminado tus listas, pídele
a Dios que a aquella persona que te ha hecho daño
le ayude a convertirse en un instrumento de Dios para
tu vida.
5. Pídele perdón a Dios, por tu amargura
y por el daño que has hecho, y por la persona que
te ha hecho daño.
6. Decide en tu corazón asumir toda la responsabilidad
por el daño que has hecho con tu amargura.
7. Si es posible, busca a la persona que te ha hecho daño
o que has hecho daño, para arreglas tus cuentas;
pero primero arregla tus cuentas con Dios.
Estos son los siete pasos que te van a guiar al cambio
de vida que necesitas, pero sobre todo para que seas restaurado
en alma y espíritu y para que seas ungido por el
Espíritu de Dios.
Es necesario que reconozcamos nuestros pecados y que los
confesemos ante Cristo quién nos esta ofreciendo
su Vida Eterna y Salvación en forma gratuita, porque
por gracia somos salvos.
Para
terminar quiero dejarles con una lectura más que
esta en Efesios 2: 1-10
“Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais
muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis
en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo,
conforme al príncipe de la potestad del aire, el
espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
entre los cuales también todos nosotros vivimos
en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, y de los
pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de
ira, lo mismo que los demás. Pero Dios que es rico
en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
aun estando nosotros muertos en pecado, nos dio vida juntamente
con Cristo (por gracia sois salvos) y juntamente con él
nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar
en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para
mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas
de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo
Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio
de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios,
no por obras para que nadie se gloríe. Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios preparó de antemano para
que anduviésemos en ellas”.
El que tenga oídos para oír, oiga. Amén
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